Detalle de Angelingua — serie de dibujos, 1996
El archivo familiar de Luis Eduardo Aute contiene miles de dibujos. Muchos de ellos nunca han sido expuestos al público, ni reproducidos en catálogos, ni vistos por nadie que no fuera él mismo y los que compartieron su vida. Son la parte más íntima de su producción: el trazo hecho a solas, sin destino ni espectador previsto.
Aute dibujaba constantemente. En el margen de los libretos, en cuadernos de notas, en hojas sueltas que acumulaba sin orden aparente. Sus colaboradores recuerdan haberle visto dibujar mientras escuchaba música, mientras esperaba en camerinos, mientras hablaba por teléfono. El bolígrafo era para él lo que para otros es el cigarrillo: un gesto automático, necesario, casi inconsciente.
«El bolígrafo era para él lo que para otros es el cigarrillo: un gesto automático, necesario, casi inconsciente.»
Lo que sale de esas hojas es sin embargo de una riqueza extraordinaria. Criaturas híbridas, figuras humanas en situaciones imposibles, alfabetos inventados, mapas de mundos que no existen. Hay en esos dibujos una libertad que su obra pública, más elaborada y consciente, no siempre podía permitirse.
El trabajo de catalogar y preservar ese material está en marcha. El portal espera poder mostrar en los próximos meses una selección de obra inédita que amplíe la imagen que el mundo tiene de Aute como dibujante: no solo el autor de Angelingua o El niño y el basilísco, sino también ese hombre que no podía dejar de trazar líneas sobre cualquier superficie que tuviera a mano.